Al correlimos tridáctilo le gusta bailarle sus aguas al mar y no dejar de picotear en la arena cuando las olas se retiran.
Al principio, quería creer que era niebla, pero al bajar del coche, el olor no ofrecía ninguna duda: era el humo desembocando con el río.
Al principio, quería creer que era niebla, pero al bajar del coche, el olor no ofrecía ninguna duda: era el humo desembocando con el río.
AUTORA: Mónica Fernández-Aceytuno
www.aceytuno.com
