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Querida Mónica:
Qué atrevimiento el de esta chicharra que se posó en un saliente de la terraza de mi casa y se puso a cantar.

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Querida Mónica:
Qué atrevimiento el de esta chicharra que se posó en un saliente de la terraza de mi casa y se puso a cantar.

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Querida Mónica:

Qué atrevimiento el de esta chicharra que se posó en un saliente de la terraza de mi casa y se puso a cantar.

La escuché cuando terminábamos de comer, emitiendo ese sonido intenso y ensordecedor, ciertamente molesto, que hacen con el aparato que tienen en el abdomen.

Me asomé para ver si descubría su posadero y allí estaba, sobre mi cabeza, colgada boca abajo, con sus alas transparentes y sus grandes y separados ojos, emitiendo ese sonido que se mete por los oídos y se queda retumbando en la cabeza.

Bueno, pues fue enfocarla con la cámara y se calló.

Y así se quedó, quieta y callada, sin hacer nada, durante horas.

Me acordaba en esos momentos del cuento de “la cigarra y la hormiga”, y pensaba que iba a ser verdad eso de que las cigarras no hacen nada más que vivir la vida.

Cuando al anochecer regresábamos, me asomé de nuevo a ver si estaba y había desaparecido.

Yo creo que entendió que debía irse a dar la murga a otra parte.

Un cordial saludo.

Pilar López.

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