Con la mirada en alto, como siempre que salgo al campo, intentando descubrir al autor de algún reclamo o canto, descubro que por una vez que bajo la mirada, me llevé un gran susto.
José
José
San Felipe es el pueblo que veía Tejero desde la prisión militar en el castillo de La Palma. Todos los días.
Los ojos, esos prisioneros, se escapan de esta manera, mirando lo que les rodea, y aunque prefieren el firmamento y el horizonte marino porque así llegan más lejos, también les entretiene muchísimo esos pequeños detalles donde se detiene el infinito: una barca en la orilla, un señor pescando, una galería cuyos cristales parecen espejos devolviendo su luz al sol…LEER MÁS en republica.com…
Gracias a todos por participar en este lugar de la Naturaleza,
Mónica Fernández-Aceytuno