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Les pedí esta mañana a Mari y a su novio que antes de quemar las podas mirasen por si hubiera nidos y al volver a casa me he encontrado sobre la mesa del porche, este nido de mirlo.

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Les pedí esta mañana a Mari y a su novio que antes de quemar las podas mirasen por si hubiera nidos y al volver a casa me he encontrado sobre la mesa del porche, este nido de mirlo.

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Les pedí esta mañana a Mari y a su novio que antes de quemar las podas mirasen por si hubiera nidos y al llegar a casa me he encontrado sobre la mesa del porche, este nido de mirlo.

Como los otros nidos que he localizado en la madreselva y otro en la hiedra que hay junto a la caseta de las máquinas, aún no tiene huevos dentro, aunque sí parece un nido de este año, porque las hojas de castaño secas están aún sin carcomer, como le sucede tamibén a las hojas de los libros antiguos, y el musgo no ha perdido aún ni el verdor ni el olor a musgo, como si hubieran acabado de ponerlo.

Tiene además el nido paja de castilla, de la que traen en pacas para los caballos, y en una ocasión encontré un nido con hebras de lana de una labor que me llevó años acabar por el poco tiempo que le dedicaba, pero que los mirlos aprovecharon para acabar de tejer su obra.

Porque un nido, aún tan rudimentario como este del mirlo, me parece una obra de arte de las que nunca te cansas de mirar y en las que siempre encuentras algo nuevo que aún no habías visto.

Dejo, antes de irme, pinchando en ACTUALIDAD NATURAL la foto del arrendajo que esta tarde estuvo buscando por aquí las castañas que enterró en invierno. Está lloviendo demasiado, y todavía hace frío, por lo que hay pocos insectos y quizá por ello también la puesta en los nidos está más atrasada que otros años.

Feliz sábado,

Mónica Fernández-Aceytuno

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