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Buenos días. Anteayer, junto al río Labra, me contó un experto pescador, con las manos llenas de cicatrices de anzuelo, algo que no sabía:

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Buenos días. Anteayer, junto al río Labra, me contó un experto pescador, con las manos llenas de cicatrices de anzuelo, algo que no sabía:

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Buenos días. Anteayer, junto al río Labra, me contó un experto pescador, con las manos llenas de cicatrices de anzuelo, algo que no sabía:que los peces marinos viven en pisos junto a las bateas de mejillones.

Están hechas las bateas, como sabrán muchos lectores, con larguísimas vigas de eucalipto que se entrecruzan a la manera de la balsa de un naúfrago y abajo suelen llevar unos bidones llenos de aire para que flote la batea en el agua.

Después, de las vigas, se cuelgan unas sogas que pueden tener veinte metros de largo, o más, pues las bateas, aún estando cerca de la costa, siempre suelen situarse en zonas tranquilas y abrigadas, pero muy profundas, y a esas cuerdas es donde se amarra la semilla del mejillón, que se recolecta en primavera de la roca.

Esto crea, bajo la batea, una suerte de mundo aparte, donde si buceáramos veríamos un bosque de sogas cubiertas de mejillones, pero también, por pisos, los peces a los que esta riqueza, que es a la vez abrigo y bosque, como si de pájaros se tratara, atrae.

En el primer piso, me contó el pescador, viven los mújoles, a pocos metros de la superficie. Un poco más abajo, las robalizas o lubinas. Y en el tercer sótano, por debajo de las robalizas, los sargos plateados y de dientes como púas, y por debajo de ellos, los temibles congrios que aguantan con vida más de un día fuera del agua y que si te muerde un dedo, como no pueden soltarse y giran en la cubierta del barco a la vez como un sacacorchos, al no poder tú girar también con el pez,puedes dar por perdido el dedo, o la mano, si te la atrapa un congrio que subió a bordo.

Pues bien, le pregunté yo, y ¿cómo haces si quieres pescar sargo o lubina si tiene que pasar el cebo obligatoriamente por el primer piso de mújoles?

Muy fácil, me dijo, ensarta un camarón y los mújoles ni lo mirarán, porque no les gusta, y sin embargo más abajo, las lubinas y los sargos, entrarán, siempre que no hayan visto tu sombra en el agua, por lo que para pescar junto a la batea, ese tejado de madera del edificio de peces, lo mejor es ir de noche.

Según me lo iba contando yo imaginaba todo aquel mundo aparte, que crea lo que hacemos para otras cosas.

La intención, era sólo cultivar mejillones, y sin querer, cultivamos por pisos la más espontánea Naturaleza.

Feliz día y hasta mañana,

Mónica Fernández-Aceytuno

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