En estas maravillosas dehesas de encinas, varias veces centenarias,también esta mañana el carbonero común emitía su reclamo de manera incesante, preludio de los amores que llegan ya, con el buen tiempo y los días más largos.
18:37 Acabo de ver, mientras daba un paseo, a los crisantemos preparados ya para cortar en difuntos. Florecen en un tiempo tan oscuro que resultan aún más blancos, casi fosforecen en las huertas.
Y espigan tanto que suelen buscar para ellos algún soporte los paisanos, en ocasiones una rama cortada, y otros, como en este caso, el árbol entero, un manzano al que también se ha enredado una parra, con las hojas ya de otoño.
Es triste y alegre al mismo tiempo, ver las flores desmayadas, sobre el hombro del árbol que las sostiene, antes de caer sobre las tumbas el día más triste del año.
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