Recogí el ancla con prisa, y lentamente, al ralentí, me acerque al pez...si, si, al pez, la aleta no era de ningún cetáceo sino de un tiburón peregrino, un pez enorme, de algo más de 5 metros, algo mayor que la propia embarcación.

En esta Aquilegia flavescens “las garras” están ya hacia abajo.
Mónica
Esta aquilegia la fotografié en el Real Jardín Botánico de Madrid. Las silvestres que yo conozco son todas de un malva, casi violeta, muy llamativo, y esta amarilla que fue descrita en EEUU recibe el nombre específico de flavescens por el amarillo de sus flores.
Aquí “las garras” ya están hacia abajo. También se le llama a esta planta colombina amarilla.
Mónica Fernández-Aceytuno
Mónica