Salen durante la noche de los huecos que le amparan durante el día en los muros de piedra, bajo rocas, o bajo troncos de árboles muertos, como la ranita meridional que observan en la fotografía, que se encontraba bajo el tronco de
De un rojo que hiere el corazón.
MF-A
Me he encontrado los olmos tan amarillos que se diría que tienen luz propia bajo la lluvia; los castaños ocres, como si hubieran envejecido; y los cerezos de un rojo que hiere el corazón. Árboles con los que he vivido.
De mi blog de Naturaleza en ABC.es
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Y es que hay rojos que hieren el corazón, como el de estas hojas del árbol de Júpiter que fotografié hace unos días, o las de los robles americanos cuyas ramas, para adornar, me he traído de vuelta en la maleta. Tan eclipsado estaba todo con los colores del otoño en las ramas, que me he venido sin fijarme en si habían florecido ya las camelias…
Parecen, las camelias, flores que arrastrasen una pena secreta y en esa falta de olor que no es más que una forma de silencio, se deshacen en belleza, no sólo en las flores, perfectas: rosas, rojas, blancas; simples, dobles, anémonas; sino en sus ramas de hojas verdes y lustrosas, siempre nuevas, siempre jóvenes; y en su porte de árbol florecido y en su sombra tapizada de pétalos. Tal vez no haya nada más hermoso que este silencio.O el silencio que se abre tras la lluvia, antes de que vuelvan a cantar los pájaros. Y dicen que el clima de esta tierra es malo…Leer más de mi artículo SILENCIO DE LAS CAMELIAS.
Mi afectuoso saludo a todos y hasta mañana,
Mónica Fernández-Aceytuno
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