De nada le ha servido a la M-40 su murmullo de catarata continua, ni a los niños gritar en el recreo, ni a las nubes tronar sobre el campo, porque el primer bramido fue tan fuerte que se abrió paso entre todos los sonidos.
Siguen abriéndose al sol los brotes florales del almendro.
Siguen abriéndose al sol los brotes florales del almendro.
No le pesan los años ni le teme al frío madrileño del Cerro de los Cuatro Vientos. Su ilusión es lo que cuenta y así lleva floreciendo durante casi cuatro décadas. Sin tregua.
Se le ve nervioso, eso sí, aguardando a las abejas que no llegan.
Isabel
