espirotrompa.

f. Estructura tubular propia del aparato bucal de las mariposas, de diferente longitud según las especies de lepidópteros y la profundidad de las corolas de las flores que liban, por donde absorben los líquidos de los que se alimentan y que, al estar formada de anillos, pueden replegar en espiral en la parte inferior de la cabeza. Algunas especies emiten con ellas sonidos perfectamente audibles para el oído humano.

Primero entre la arena de la playa, y luego entre las flores, observé esta semana en el mismo día varios ejemplares de la mariposa pavo real (Inachis io). Recién despertadas por el sol, parecían señoras con su bata vieja, al llevar las alas envejecidas, tras pasar varios meses hibernando como un oso en una cueva, o en un garaje, con las alas cerradas como las tapas oscuras de un libro de poesía. Cuando las abren al sol, me impresionan sus ocelos que, incluso de lejos, son absolutamente disuasorios, al semejar los ojos de un animal. Se sumergían para libar con la espirotrompa entre las flores mientras salían volando los pétalos de tal manera que se veían como en un visillo los movimientos del aire, igual que se ve rayando con un lápiz la cruz de una moneda bajo un papel en blanco.

Mónica Fernández-Aceytuno
aceytuno.com, abril 2015

Espirotrompa de Inachis io / Aceytuno

Espirotrompa de Inachis io / Aceytuno

Espirotrompa de mariposa colibrí (Macroglossum stellatarum) / Aceytuno

Espirotrompa de mariposa colibrí (Macroglossum stellatarum) / Aceytuno

La segunda generación de la mariposa capaz de emitir sonidos volará esta noche cerca de los pequeños huertos de la Cornisa Cantábrica, informa el doctor Martín Cano, entomólogo. Se trata de una gran mariposa -13 centímetros de envergadura alar- que tiene una espirotrompa por la que expulsa el aire y “chilla”, produciendo un sonido agudo y repetido que recuerda a una lavadora cuando centrifuga. Es una gran voladora. Recibe el nombre de “esfinge de la calavera” porque lleva, como si fuera la bandera de un barco pirata, el dibujo de una calavera en el tórax. Realiza grandes viajes migratorios pero no como los pájaros que van y vienen: esta mariposa no vuelve; sólo va. El ejemplar que vino de África en primavera, atravesando en plena noche el Mediterráneo, no es que ahora vuela en el norte de la Península: la migración de las mariposas se hace por generaciones sucesivas, como si cubrieran una carrera de relevos que la esfinge de la calavera termina, en años favorables, en Islandia. Siente un gusto especial por la miel y entra por las piquetas de las colmenas para alimentarse. Ahora la hembra sobrevuela las huertas y pone allí los últimos huevos, pero se confunde con la noche y no es fácil verla. Tampoco es fácil oír a la esfinge de la calavera: sólo se queja en alto si está asustada.

Mónica Fernández-Aceytuno
ABC, 18-9-97
Aceytuno.com

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