Artículo de Joaquín

ADIF Y LOS MAYAS

Esta mañana he leído un interesante artículo sobre el descubrimiento por un adolescente canadiense de una ciudad maya hasta ahora desconocida. No sé si se trata de un camelo o si tiene base científica la teoría desarrollada en el artículo según la cual la civilización maya elegía el emplazamiento de sus ciudades siguiendo las constelaciones. Habrá que esperar a que los científicos visiten la zona de la península de Yucatán señalada por el adolescente y comprueben si las formas geométricas que aparecen en las imágenes obtenidas via satélite corresponden a la ciudad de marras, bautizada, por el momento, como “Boca de Fuego”.

Aquí, en Sevilla, muy cerca de casa, tenemos una serie de ruinas que están siendo invadidas por una vegetación que por su densidad podría compararse con la que en la península de Yucatán oculta ciudades pendientes de descubrir tanto por teorías de adolescentes como por exploraciones de hombres hechos y derechos. Me refiero a las edificaciones de la antigua estación de Cádiz, abandonadas tras la puesta en marcha del AVE, que poco a poco van desapareciendo de nuestra vista. En la imagen se ve cómo los antipáticos ailantos van ocultando las viejas estructuras. Llegará un momento en el que algun adolescente avispado asocie las formas geométricas descubiertas vía satélite en toda España con edificaciones abandonadas por Adif y publique en revistas científicas de acreditada solvencia la lista de desaparecidas instalaciones ferroviarias de las que no tenían noticias ni los más viejos del lugar, animando a los arqueólogos a que comprueben lo acertado de sus predicciones.

He calificado como antipáticos a los ailantos que crecen en el viejo edificio de la estación. Creo que se lo merece pese a ser conocido como “árbol del cielo”. Es una planta invasora, colonizadora de cunetas, solares y espacios degradados en general, donde no permite que se asiente ninguna otra vegetación. Al escribir el nombre científico, Ailanthus altissima, me he dado cuenta por primera vez que los árboles, para los botánicos, pertenecen al género femenino. Lo mismo pasa en latín.

Joaquín
Sevlla, 9 de octubre de 2016

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