¿Qué es un haikú?

¿Qué es un haikú?


Buenas tardes a todos.

Estamos esta tarde aquí en honor de Jaime Alonso Abruña, de su familia y de la fundación que lleva su nombre para preguntarme, una vez más, qué es un haikú.

La verdad es que todavía no lo sé, puede que no lo sepa jamás.

Ni siquiera estoy segura de pronunciarlo correctamente, pero como tiene mucho de espontáneo un haikú, voy a dejarlo así, que es la manera en la que lo nombré por vez primera.

Como sabéis, estamos en el auditorio del Museo Lázaro Galdiano, de madera de haya, lo cual nos demuestra que el árbol, incluso sin vida, sigue dando belleza. Porque me parece una maravilla este auditorio, en la casa de José Lázaro Galdiano quien en una carta a Clarín, en 1889, le escribió:

“Tengo más que entusiasmo, delirio por las letras”

Precisamente un gran coleccionista como José Lázaro Galdiano, que coleccionaba todo tipo de objetos y que tenía su torre de marfil, no muy lejos de aquí, en la calle Velázquez, nos dio la mejor definición de un haikú que yo haya leído:

“El haikú es un telegrama poético”

La definición, es como habréis adivinado, una greguería de Ramón Gómez de la Serna.

Pero también se puede definir al haikú con números puesto que tiene 17 sílabas, dispuestas en tres líneas de 5, 7 y 5 sílabas, todos ellos números primos tal y como ha señalado el matemático Daniel Tammet, autor de “La poesía de los números”.

Y el más difícil todavía: ¿Se puede escribir un haiku con números? Juan lo ha hecho en un haiku de su lógica sencila:


Diez, nueve, ocho
siete, seis, cinco, cuatro
tres, dos, tú, cero.

A mí, del haiku, me llama la atención la forma, precisamente la manera en la que están escritos, que en japonés se escriban en vertical como una lágrima su rastro, y que en nuestra escritura se haga en horizontal, en tres líneas, como los tres surcos horizontales de una frente que ha pensado.

Una frente como la de Juan.

Que ha pensado tras observar, o tras emocionarse y, sin pensar, ha escrito un haiku:

¿Bastan las palabras…?
cambia tus emociones,
siente escribiendo.

Me ha recordado a una frase que era el credo de Unamuno y que decía:

“Piensa el sentimiento, siente el pensamiento”

La verdad es que Unamuno, que escribía para la revista “La España Moderna” que se editaba aquí mismo porque su editor era José Lázaro Galdiano, tenía alma de poeta, y hablaba del nimbo, que es esa nube blanca, ese halo circular que parece el halo de la luna y que llevan los santos en la cabeza, y de donde nace la bondad, pero también esas casi revelaciones, esa inspiración cuando vemos algunas cosas, como si ahí saliera un lenguaje diferente del que sale de la cabeza, porque es el que va por fuera, por encima y no por dentro de la cerebro.

Puede que de ahí, de ese círculo, de ese nimbo, que es un sentir escribiendo, salgan los haikús. Y ese blanco que veis en las páginas del libro, se corresponde con el nimbo, que aunque Juan no sea un santo, lleva sin duda flotando por encima de su cabeza un nimbo, como demuestra este libro de haikús.

Pero quizás no es suficiente pensar, emocionarse, observar, sentir, escribir….no es suficiente para escribir un haikú, y os lo voy a explicar con un sucedido.

Tratando de comprender en qué consiste este arte de ser haijin, o haikista, que es un arte sagrado, como tal vez son casi todas las artes, me he encontrado cosas muy curiosas, como una anécdota para mí desconocida en la que se cuenta que le encargaron a un pintor japonés que pintara la montaña de un paisaje. No lo tenía difícil porque la montaña se veía desde su casa. Pasaban los días, los meses, los años, y ni siquiera había iniciado la obra. Hubo un momento en el que, quien había encargado el cuadro, empezó a impacientarse, y fue hasta la casa del artista y le preguntó que qué pasaba. Y el pintor respondió:

“Lo siento, todavía no soy montaña”

Por lo que he ido viendo y leyendo en el libro de Juan, los haikús son un poco así, como si el haikú, esa pieza tan pequeña, ese telegrama poético, te hiciera pagar para poder escribirlo el peaje de dejar de ser tu, para ser:

soledad, pasado, futuro, historia, paz, recuerdo, vida, alma, sonido, epitafio, desconocido, viento, conciencia, realidad, blanco, negro, verso, nada, camino, sueño, nostalgia, flor, cristal, transparencia, fragilidad, oscuridad, frío, nervio, lija, garganta, principio, cabeza, cielo, tierra, sótano, certeza, ojos, lágrima, herida, dolor, encrucijada, decisión, fe, razón, cristal, espejo, duda, hombre, hueco, compás, círculo, bosque, mano, espalda…montaña.

Porque esta es la montaña de palabras que es Juan en su primer círculo del yo en “Lógica sencilla”.

Estos círculos ya están dibujados en la portada:

El primer círculo es el Yo, que es Juan, con su montaña de palabras.
El segundo círculo son las PERSONAS
El tercer círculo es LO QUE PASA

Es curioso porque cuando Juan me enseñó el libro, este ejemplar que es el número uno, yo estaba preparando una información de Naturaleza y acababa de ver una fotografía aérea que estaba llena de esos círculos. La foto estaba hecha desde una avioneta, a poca altura, porque se veía perfectamente la sombra de la avioneta sobre el agua ya que sobrevolaba una laguna de un agua muy transparente, cuyo fondo estaba lleno de círculos, que a su vez tenían otros círculos dentro, casualmente idénticos a este círculo del yo, dentro del círculo más grande de las personas, y dentro de ese tercer círculo más grande de lo que pasa.

Estos círculos medían un metro de diámetro y estaban en el fondo de la laguna. A su vez, había un círculo, y otro círculo y otro círculo, cada uno con sus círculos del yo, las personas y lo que pasa, de manera que el avión sobrevolaba una suerte de escaparate de agua, con estos círculos al fondo.

¿Quién los había hecho y cómo?

Los habían hecho los flamencos que se alimentan haciendo una suerte de compás, en bandadas. Cada uno en su zona, va dando vueltas y a la vez moviendo las patas palmeadas para subir el alimento, sin moverse del sito, solo dando vuelvas y con el pico, como la punta de un compas, van trazando un surco en círculo que mide un metro de diámetro. Pero no todo lo que atrapan como si fuera una pala con el pico, se lo quedan, sino que hay una parte que dejan y que va cayendo al centro, al yo de Juan. Es decir que el yo, de los círculos, incluso debajo del agua, le ocurren dos cosas:

Sobresale un poco sobre el círculo de los demás y lo que está pasando.

Está hecho con lo que se ha dejado.

¿Y qué tiene esto que ver con los haikús de Juan?

Pues que Juan como los flamencos posados con sus patas palmeadas en el fondo de la laguna, escribe:

Soy compás:
alteridad en círculos
y un pie en la tierra.

En ese círculo del Yo me he encontrado algo así como el lado oculto de mi hermano, que es como el lado oculto de la luna, que también brilla, aunque brille para nadie.

El reverso de su Curriculum, lo que ha dejado de hacer y de ser Juan para ser quien es.

Y esto solo podemos explicarlo leyendo otro de sus haikus:

Cuenta hacia atrás
lo que no quieres ser
te deja ser.

Pero no quiero dejar de tratar de comprender qué más necesita un haikú, sin lugar a dudas, brevedad, que es la hermana del talento, decía Chéjov.

Pero es más que brevedad, un haikú es condensación pura de la escritura, las gotas de agua del vaho.

Y se escribe en minúsculas, porque no está hecho el haikú para el eco de las grandes espacios, cuevas o catedrales o acantilados, sino para el susurro, para el eco de ese abismo blanco que hay entre las letras y los ojos, entre la voz y el oído.

Pero cuál es su secreto, cuál la sal de su escritura. La compasión. En japonés le llaman “Mono no aware” : sentido de la compasión por la transitoriedad de las cosas. Nosotros, nos iríamos a Unamuno, a su “Sentimiento trágico de la vida” en el que nos habla de la compasión que poseen los que logran hacer, del sufrimiento, bondad, esa compasión que nace al aprehender con todo el ser que la vida pasa.

Y volvemos a Juan:

Después de todo,
hasta aquí hemos llegado.
Antes de nada.

¿Qué es un haiku? ¿Un haikú son números? ¿Son letras? ¿Un telegrama?

Un haikú es una suma de 17 sílabas que da infinito.

Muchas gracias.

Mónica Fernández-Aceytuno
Presentación de “Lógica sencilla” de
Juan Fernández-Aceytuno en el
Museo Lázaro Galdiano
Madrid, lunes 14-9-2015

Haikú de Juan Fernández-Aceytuno

Haikú de Juan Fernández-Aceytuno

Escultura de hielo con un haikú del autor de "Lógica Sencilla" de Juan Fernández-Aceytuno en el Parque Florido del jardín del Museo Lázaro Galdiano

Escultura de hielo con un haikú del autor de “Lógica Sencilla” de Juan Fernández-Aceytuno en el Parque Florido del jardín del Museo Lázaro Galdiano

Haikú de Juan Fernández-Aceytuno

Haikú de Juan Fernández-Aceytuno

Juan Fernández-Aceytuno firmando ejemplares de "Lógica Sencilla" a beneficio de la Fundación Jaime Alonso Abruña

Juan Fernández-Aceytuno firmando ejemplares de “Lógica Sencilla” a beneficio de la Fundación Jaime Alonso Abruña

Juan Fernández-Aceytuno en la presentacion de "Lógica sencilla"

Juan Fernández-Aceytuno en la presentacion de “Lógica sencilla”

Juan Fernández-Aceytuno durante la presentación

Juan Fernández-Aceytuno durante la presentación

Auditorio del Museo Lázaro Galdiano el 14-9-2015 para la presentación de "Lógica Sencilla" de Juan Fernández-Aceytuno

Auditorio del Museo Lázaro Galdiano el 14-9-2015 para la presentación de “Lógica Sencilla” de Juan Fernández-Aceytuno

¿Qué es un haikú? / Presentación de "Lógica Sencilla" de Juan Fernández-Aceytuno el 14-9-2015 por Mónica Fernández-Aceytuno

¿Qué es un haikú? / Presentación de “Lógica Sencilla” de Juan Fernández-Aceytuno el 14-9-2015 por Mónica Fernández-Aceytuno

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