maíz.

m. Hierba anual gramínea que puede llegar a ser más alta que una persona a los pocos meses de su siembra, llegando a alcanzar los 3 metros. La planta es monoica, con las flores masculinas y femeninas en el mismo pie resultando muy llamativos los penachos de las flores masculinas en lo alto, y los filamentos de los estilos, un poco rosados, de las femeninas que luego darán las mazorcas. Font Quer señala que estos filamentos estilares de las mazorcas “examinados con lente de aumento, aparecen comprimidos, de manera que más parecen cintillas que hilos”. También acintadas y muy largas, envolventes sobre el tallo, son las hojas con un nervio central muy marcado y tan recias que hacen ruido entre ellas con el paso del viento. El tallo es fuerte como una estaca y se usa para que se apoyen en él otras plantas cultivadas como las judías o las parras, y aún así no aguantan las embestidas de los jabalíes por la noche que entran con sus rayones para tumbar el maíz y alimentarse de las mazorcas. También los cuervos se posan en ellas y los ratones dejan sobre los granos una media luna al forrajear la parte más blanda del grano, que es el embrión. El maíz es una de las plantas que llegó a Europa tras el descubrimiento de América, y aunque digan que no nace espontánea, sí puede llegar a germinar, más débil que en cultivo, algún maíz procedente de los campos cercanos por la siembra involuntaria de algún pájaro.

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Si bien al principio las primeras hojas del maizal aparecen tímidas y silenciosas sobre los terrones, es un cultivo que se ve y se oye crecer, pues según van espigando las hojas acaban por rozar unas con otras y así que sopla un poco el viento, todo el maizal murmura. Hasta hace poco, se quitaban estas hojas a las puertas de las casas y la mazorca se echaba en un montón que era dorado, rojo si era maíz reina. Y esas hojas, al secarse, se volvían crujientes y amarillentas y repetían el sonido del maizal, pero más ronco, como la voz cuando envejece, y con ellas se hacían colchones también ruidosos y murmuradores.

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El maíz ya habla con las hojas. Se rozan unas a otras como brazos en el metro, pero el sonido que produce no es el sonido vacío de los codazos, sino rumores que se mezclan con el canto de los escribanos que salen y entran del maíz como si fuera un mar, y no un campo. De todo ello, de las hojas, de las mazorcas, y del mar que es campo, sale algo misterioso. No podré explicarlo nunca.

Mónica Fernández-Aceytuno

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Mazorca de maíz / Aceytuno

Mazorca de maíz / Aceytuno

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