LA SECA

LA SECA DE LA ENCINA

No sé por qué he preguntado por el paisaje. Podría haberme quedado bien a gusto con esa madriguera de tejón, centenaria, que en una fractura de montaña de la sierra del Rayo, en Granada, encontró el viernes José Sánchez Clemot, agente forestal, escondida por el esparto y las cornicabras.

¿Cómo está el paisaje José?. Mal, las encinas están secas, no es que estén secas, es que ya no viven por la seca de la encina, esa enfermedad que está produciendo una bacteria que se aprovecha de la debilidad de este árbol, tan hecho al clima mediterráneo, y tan poco hecho a esta angustia hídrica. Del encinar, dicen que es tal vez la única clase de monte en donde una persona podría vivir siempre sin salir nunca y encontrar en él todo lo preciso para la vida: esparragos trigueros, hongos, trufas deliciosas, ranas y tencas en sus charcas, zureo de palomas; leña, refugio y sombra. Historia, cientos de años en el tronco, siglos y mas siglos.

Qué lejos estamos de la tierra, al llamar buen tiempo, a este verano prolongado que está secando las encinas.

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