La jibia se ve en el espejo

Cuando se llama al bar Los Pescadores, en el puerto de Roquetas, se oye la voz de los marineros, al fondo, con el pitido de submarino, en primer plano, del teléfono público.
Se diría que allí estuvieran todos sumergidos, al saber siempre lo que pinta en el mar, que en estos momentos es la jibia. Si bien la semana pasada no hubo quien saliera por el viento de poniente, tal vez hoy lunes puedan zarpar y calar el trasmallo, y esperar a las jibias que se desplazan de noche hacia la costa. Me cuenta Antonio Padilla que todavía queda quien las pesca, por divertirse, con un espejo, en el que la jibia se ve de noche a sí misma, luminosa, encendida, y se ataca y se persigue hasta que llega al salabre. También se usaron mucho las nasas con una rama de olivo, donde la jibia dejaba la puesta como si el olivo fuera un alga, o la jibia un pájaro. Se practica también esa otra pesca a la muestra que consiste en pasear a una hembra viva cuyas señales luminosas atraen a los machos.
Aunque no distingan los colores, los ojos de un cefalópodo son tan perfectos como los de un vertebrado. Creyéndose otra, se hace la jibia una idea de sí misma, como los pájaros que se ven en los espejos que cuelgan los campesinos de los manzanos.

Mónica Fernández-Aceytuno
ABC, 23-2-2004

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