La cencella

La cencella deja plumas blancas de hielo sobre la vegetación y las cosas.

Cencella sobre cardo / Aceytuno

Cencella sobre cardo / Aceytuno

LA CENCELLADA

Cayó la semana pasada una cencellada blanca sobre la meseta. Era el paisaje como una casa abandonada que en vez de telarañas tuviera niebla y el hielo. La cencella es, me parece ahora, diferente de la escarcha, ese rocío congelado que festonea las hojas caídas y secas. La niebla, el sueño del agua, envuelve como una gasa a todo lo que toca para dejar hielo blanco sobre la vegetación y las cosas, igual que la sal en la rama que Stendhal dejara en la mina de Salzburgo para explicar qué es el amor, esa misteriosa cristalización. Es como si, bajo el sol, sin una sola nube, nevara de la niebla, dejando su aliento congelado en forma de agujas, banderas, plumas que se posan. Ligerísimas porque es hielo blanco lleno de aire atrapado. Con la cencellada, se diría que todo en la meseta es de cristal. Entre la niebla, los chopos parecían ángeles con sus plumas blancas de hielo.

Mónica Fernández-Aceytuno
ABC, 14-12-2013
Aceytuno.com

Cencellada / Aceytuno

Cencellada / Aceytuno

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