Incluso en la más absoluta soledad, hay necesidad de compañía para estar vivo.

Mónica Fernández-Aceytuno

Incluso en la más absoluta soledad, hay necesidad de compañía para estar vivo.

Mónica Fernández-Aceytuno

Acabo de definir para el diccionario la planta más extraña de la que he tenido conocimiento en mi vida, la llareta o yareta de la que hablábamos el otro día.

Pues bien, incluso siendo una planta tan solitaria que sólo se da en las alturas andinas, sin, en apariencia, ningún otro vegetal alrededor, da unas flores rosadas que son polinizadas por insectos.

Por mucha soledad que necesite para vivir la planta, sin la compañía de esos insectos no sería capaz de propagarse. Y al revés: las plantas agarran, como si de brazos o manos, en vez de ramas, se tratara, con su presencia a las especies animales.

Incluso en la más absoluta soledad, hay necesidad de compañía para estar vivo.

Como este mirlo, un macho joven me parece, que estaba anteayer en el Real Jardín Botánico, viviendo feliz gracias a las fuentes del jardín y a la cobertura de sus plantas.

Nosotros también, somos una especie más agarrada a la Tierra por las plantas, de las que vivimos y a las que, por su belleza o utilidad, propagamos.

O eso me parece.

¿Y a vosotros?

Buen día a todos,

Mónica

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