Ordenando un poco las fotos, ¡no mucho! Este caracol de Benamahoma, Cádiz me trajo el recuerdo de un episodio que ocurrió en Sevilla.

Juan Barba Vidal

Ordenando un poco las fotos, ¡no mucho! Este caracol de Benamahoma, Cádiz me trajo el recuerdo de un episodio que ocurrió en Sevilla.

Juan Barba Vidal

Ordenando un poco las fotos, ¡no mucho! Este caracol de Benamahoma, Cádiz me trajo el recuerdo de un episodio que ocurrió en Sevilla hace unos años…, en una tertulia de amigos naturalistas, sobre El Lobo ibérico en el Parque Natural Sierra de Andújar.

Más bien eran miradas y sorbetes para sacar los caracoles de su caparazón, (no había hueco para las palabras). Recuerdo que se me ocurrió la brillante idea de invitarlos a comer caracoles en el bar “El Cateto” (y no sé qué relación tiene porque nunca se lo pregunté). Bueno, los gritos y los saltos de una señora de la mesa de detrás de mí interrumpió a todos los comensales ¡hay un gusano! ¡Hay un gusano muy feo dentro del caracol! El rato que se tardó en tranquilizar a la señora no fue largo entre el camarero y sus amigos, pero todas las orejas estaban pendientes de lo sucedido.

De manera que una vez que acabamos con los caracoles, la tertulia se centró no en el lobo sino en el caracol, precios o animal como son todos los animales para mí y tan especial para los niños como su canción; en los dibujos animados…: “Caracol, col, col saca los cuernos y ponte al sol” su anatomía, los pequeños huevos que pone la hembra, los caracolitos cuando sale a la vida, en fin preciosos pero también tienen un enemigo (un parásito) ¡no todos! Menos mal.

Juan Barba Vidal

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