Las horas y el Sol

Están las horas cambiadas y el Sol en su sitio.

Me he despertado a la misma hora de siempre pero, al mirar el reloj, ya no era la misma, sino una hora más temprano.

EL GALLO CANTA SIEMPRE A SU HORA

Aunque, según el oído humano, el gallo canta quiquiriquí en español, coquelicó en Francia, rukerikú en Luxemburgo, y kikeriki en Alemania, el gallo canta siempre lo mismo y siempre a su hora, siguiendo el horario del sol y de las estrellas.

Ya en 1803, existía la costumbre en España de proporcionar a las gallinas una iluminación suplementaria, aunque los efectos sobre la puesta no se debían, como se creía entonces, a que el tiempo para comer se prolongara, sino al número de horas de luz que, al alargarse, las inducía a seguir poniendo huevos de noche como si fuera de día. Hoy las gallinas obedecen a lo que dicen, sí, no, sí, los interruptores eléctricos de las naves mientras los gallos, al aire libre, siguen cantando cuando amanece. Los relojes biológicos dependen de la luz, de ahí que cambiar el horario suponga desajustarnos de todo los que nos rodea, del pájaro que se despierta y canta, de la flor que perfuma la noche, lo que nos impide sumergirnos en los rítmos de la Tierra, viviendo en un permanente desasosiego.

Y aunque todo esté pensado para no pensar, recién cambiadas en este lunes las horas, habría que detenerse a contemplar este asunto de la luz y de las oscuridades, que no es una cuestión de huevo, sino de fuero, porque trata de lo que queremos ser: gallo o gallinas.

Escrito para ABC en otro lunes del 1/4/2002 pero podría haberlo escrito para hoy mismo, con las horas otras vez cambiadas.

Buenos días,

Mónica

Amanecer en Guayaquil / Aceytuno

Amanecer en Guayaquil / Aceytuno

Amanecer en casa / Aceytuno

Amanecer en casa / Aceytuno

Amanecer sobre un gorrión / Aceytuno

Amanecer sobre un gorrión / Aceytuno

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