EL SAPO Y EL PASO

ABC, 4-11-2002
EL SAPO Y EL PASO

Lo primero que entraría esta noche en una casa sin puertas, sería un sapo.

Ningún pájaro por el día quiere ser tan doméstico como el sapo corredor de noche, este sapo casi siempre dispuestos a la carrera con la postura de un atleta esperando el disparo. Los sapos no hibernan, invernan: pasan el invierno en algún lugar, con un suelo muy ligero, bajo la arena o la tierra, muchas veces lejos del agua, entre esa hojarasca que ha detenido su vuelo contra las paredes de una casa. Lo oyen todo. Tienen un tímpano cerca de os ojos que parece una luna llena en una noche nublada; y hay anfibios que oyen coo los peces las ondas del agua, y como los indios los pasos del suelo. Es una feliz casualidad que sapo y sapo se escriban con las mismas letras. Próximamente, se va a publicar el “Atlas y libro rojo de los anfibios y reptiles de España” gracias al trabajo, entre otros, de tres herpetólogos: Lizana, Márquez y Pleguezuelos.

Lo de libro rojo viene a decir que empieza a faltar algo, como le faltan al sol de noviembre las horas del día. Desde finales del Pérmico, es ahora cuando los anfibios han empezado a oír el paso del tiempo.

Mónica Fernández-Aceytuno
ABC, 4-11-2002
Para compilación en Naturaleza

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