bioeconomía.

Término puesto en circulación a partir de 1972 por el ilustre matemático y estadístico rumano Nicholas Georgescu-Roegen (1906-1994) a sugerencia por carta de Jiri Zeman, y que se publica por vez primera en 1913 en el libro titulado “Evolution by Cooperation: A Study in Bioeconomics” por H. Reinheimer. Aunque luego se ha empleado más “economía ecológica” para expresar lo mismo, el término bioeconomía, tan defendido por N. Georgescu-Roegen, parece resurgir hoy para expresar la necesidad de aprehender una sabia y nueva visión en la gestión económica por la que los recursos naturales puedan abastecer, ahora y en el futuro, a la población humana.

La Naturaleza expresada en números se deshace, como un ramo de amapolas. Pero hoy me detengo en las cifras porque me cuesta creer que todavía recuerde que éramos 5.000 millones de personas habitando la Tierra, para en el año 2000, aquel que celebramos con música de violín, alcanzar los 6.000 millones, siendo hoy más de 7.200 millones de personas sobre esta Tierra que avanza por el espacio a 108.000 kilómetros por hora. Con tanta población es casi un milagro que aún quede en el mundo algún lugar salvaje como el Ártico, esa “Agua grande” tituló Boris L. Gorbatov, cuya tundra huele a musgo y a hielo derretido en primavera, del que saldrá tal vez la solución: “Océano de eternidad” lo llamó el profesor Wassmann en una conferencia. Hace falta conocimiento, más constante investigación si queremos todos beber, respirar, alimentarnos. Bioeconomía, será la palabra, la amapola del futuro.

Mónica Fernández-Aceytuno
ABC, 6-6-2015
Aceytuno.com

Amapola en el rastrojo / Aceytuno

Amapola en el rastrojo / Aceytuno

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