Cecebre

Cecebre

Esta mañana estuvimos por Cecebre para localizar la estación del tren.

Resulta que el otro día me di cuenta de que aún circula el tren que une mi casa con la de Wenceslao Fernández Flórez y quiero realizar este trayecto antes de que desaparezca.

Ya he visto dónde me dejará, no muy lejos del embalse, la tumba de agua de “El Bosque animado” de Wenceslao Fernández Flórez.

Por fortuna quedan todavía, precisamente a la orilla del tren, muchos árboles de aquel bosque, de aquella fraga.

Y, curiosamente, aún toda la magia que se describe en el maravilloso ultílogo del libro, donde el eco de la fraga va, no se me olvida, “del infinito al infinito”.

Es el mejor ultílogo que he leído jamás.

Un fuerte abrazo para todos,

Mónica

De mi hemeroteca:

VILLA FLORENTINA

Escribo con el sonido de fondo de la lluvia, pero es otro sonido, por caer sobre otros árboles, del que se oía cuando entré, lloviendo, en Villa Florentina.

Y menos mal que las lágrimas no suenan, y se quedan mudas en los ojos, o resbalan silenciosas por la cara, porque no es que me gustara, es que me emocioné en la casa de Wenceslao Fernández Flórez. No se sabía qué era lágrima y qué era lluvia. Tampoco sé por qué elegí un vestido de hace varios años, blanco y negro, con un aire muy antiguo, para ir a su casa; ni por qué me peiné con un moño historiado de otro tiempo. Y ahora que acabo de ver la fotografía que me hicieron esa tarde en su despacho, me doy cuenta de que estaba yo sin darme cuenta bajo el retrato de Wenceslao Fernández Flórez, una foto en blanco y negro con la que no desentono, incluso parezco yo más antigua.

No sé si será porque aún duerme alguien de vez en cuando en su cama, pero aquélla habitación donde está su despacho y después una galería muy blanca y luego el recóndito y oscuro dormitorio y de vuelta al despacho, con sus libros y su máquina de escribir, que no usaba porque escribía a mano, y tachaba y tachaba, que es el ejercicio de la escritura más limpia; no parecía la habitación de alguien que ya no estuviera.

Entre todos los libros que había, se me fueron los ojos al nombre en vertical de Azorín, y entonces me dijo Teresa que fue Azorín el que recomendó a Wenceslao Fernández Flórez para entrar en ABC. Me llevé una agradable sorpresa y a la vez fue como si lo hubiera sabido siempre, por la forma de escribir de los dos, tan distinta y a la vez tan parecida, como si ambos se hubieran empeñado toda su vida en escribir cada uno a su manera para la misma persona.

Al final no he escrito nada de la casa. Queda escondida en la fraga de Cecebre y solo la encuentra el que la busca. Está cerca de la estación. El tren que pasa frente a sus ventanas, pasa también por aquí cada mañana. La vía del tren es la misma. Villa Florentina. Hermosa, grande, humilde y austera. Huele a café recién hecho, como dice Antonio Montero.

Y a bosque bajo la lluvia.

Mónica Fernández-Aceytuno
ABC, 6-9-2008
aceytuno.com

Ánsares en Cecebre / Aceytuno

Ánsares en Cecebre / Aceytuno

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Flores de la orilla / Aceytuno

Flores de la orilla / Aceytuno

Cecebre / Aceytuno

Cecebre / Aceytuno

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Cormorán / Aceytuno

Cormorán / Aceytuno

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Fraga de Cecebre a la orilla del tren / Aceytuno

Fraga de Cecebre a la orilla del tren / Aceytuno

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Hiedras encaramadas por los troncos / Aceytuno

Hiedras encaramadas por los troncos / Aceytuno

Estación de tren de Cecebre / Aceytuno

Estación de tren de Cecebre / Aceytuno

Cecebre / Aceytuno

Cecebre / Aceytuno

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