Encuentro

Encuentro

Pocas cosas tan bonitas de observar como la manera en la que la cría de delfín mular acompaña a su madre, nadando en ocasiones al unísono, y en otras, como si ya empezara a independizarse, asomando la cabeza a destiempo.

Por las aletas, empiezo casi a indentificar a los individuos de esta manada de delfines mulares que todos los veranos observamos en la ría, y que siempre nos emociona encontrarnos, sobre todo al final del verano, al pasar cerca de las bateas de mejillón donde parecen acudir a por los peces que, como en un bosque de cuerdas sumergidas, se refugian alrededor de ellas.

Me pregunto si la cría de delfín recibe algún nombre que desconozco.

Saludos,

Mónica

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P.S. Buscando las bateas, acabo de encontrar este escrito de 2009 que dejo aquí, para que no vuelva a perderse:

A mí lo que más me gusta del mar es la gente solitaria. Quiero decir que me parece que adornan el horizonte esos botes de los marineros que salen al mar solos, con unas embarcaciones que pintan cada primavera, casi siempre del mismo color, de tal manera que cuando llega el verano es como si florecieran, y en su vejez, fueran nuevas. Dicen que es feliz quien tiene un jardín, pero yo no he visto en la persona de tierra adentro esa expresión del que vuelve al puerto, con un bote que no es más que una barquita y su cajón de madera delante para que le quite el viento, y sus cuatro cubos llenos ya de pulpo, ya de calamar, ya de peces, con su peto de plástico para no mojarse con el agua que achica del bote como puede si entra una ola. Traen esa media sonrisa del que salió al mar solo, y ha vuelto.

Mónica Fernández-Aceytuno
ABC, 19-6-2009

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